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viernes, 12 de noviembre de 2010

Introducción: La razón de este libro

Razón de este libro

Esto no es un libro de historia, pero servirá para escribirla. Aún no ha llegado el momento de narrar y juzgar sine ira et studio el período iniciado el 4 de junio de 1943, y muy particularmente en igual fecha de 1946, y cerrado en septiembre de 1955 con el triunfo de la Revolución Libertadora.
La formulación del juicio histórico exige quietud de ánimo y serenidad de espíritu. No las tenemos quienes hemos vivido los acontecimientos de nuestro país durante poco más de una década. De uno u otro modo todos hemos sido actores o testigos de tales hechos, y nada de cuanto a ellos se refiera nos es ajeno. Como al gobernante caído, la historia nos juzgará por nuestras acciones y omisiones, señalará nuestros yerros y complicidades, dirá de nuestros descuidos y cobardías. Y también dirá que en momento alguno cesó nuestra resistencia al despotismo y jamás cedió la voluntad de vencerlo.
La historia se funda en la conciencia que cada generación tiene del pasado, de lo que en ella vive de él y de los que determina sus creencias y sus actos. Esa conciencia se hace con razón y pasión. Y más, tal vez, con la primera. Pero cuando el pasado no lo es del todo y se confunde con el presente, la pasión excede de tal modo a la razón, que aquella se oscurece. Por tal motivo, éste no es ni puede ser un libro de historia.
Ha sido escrito, sin embargo, con espíritu vigilante, con el mismo espíritu que determinó al gobierno revolucionario la creación de la Comisión Nacional de Investigaciones, y a cumplir ésta su tares con verdadero ánimo esclarecedor. Por primera vez en nuestra historia se ha realizado tamaña empresa. Después del derrocamiento de la reciente dictadura era necesario saber cómo y hasta dónde se había realizado su obra destructora, señalar sus propósitos, sus cómplices y colaboradores, sus métodos de corrupción y propaganda, sus grandes negociados, antes que desaparecieran los rastros y las pruebas. Durante varios meses se ha trabajado febrilmente para inquirir la verdad de lo acontecido. Por desgracia, no se ha logrado sino en parte. Huido el dictador y fugitivos algunos de sus cómplices, muchos hechos han quedado sin esclarecer. Los investigados y comprobados bastan, empero, para evidenciar el grado de corrupción moral y material que aquella produjo.
De diversos modos hubiéramos podido ordenar el material de este libro. El más sencillo y de más rápida ejecución era el de resumir los informes y memorias de las comisiones investigadoras. Este método apenas hubiera diferido de la información periodística oportunamente difundida. Otros era el de ordenar el material que se refería a cada una de las grandes reparticiones públicas o a sus equivalentes dentro de la organización política de la dictadura, aunque este material proviniera de distintas comisiones y no fuera parejo su valor. En ambos casos hubiéramos realizado una tarea de indudable eficacia informativa, pero insuficiente para trazar el cuadro de una época que por muchos años preocupara a los argentinos.
Éranos preciso, en consecuencia, obrar de otra manera. Mientras el dictador ejerció el poder, y aún después de ser derrocado, ha dicho de mil modos lo que pensaba y quería que el país le creyera. Por infinitos medios de publicidad ha mentido acerca de nuestro pasado, de nuestros problemas y de sus propias relaciones. A todo ello deberíamos referirnos en estas páginas, vinculando los hechos que las investigaciones han establecido con los propósitos que los determinaron, porque nada fue hecho sin razón ni plan trazado previamente. Y nada, tampoco, sin conocimiento de aquel. “Todo lo que se hace, esté bien o mal hecho, yo soy quien lo hace”, afirmó en el teatro Colón de Buenos Aires, el 8 de noviembre de 1949. Y agregó “Si alguna vez hay que colgar al presidente de la República por haber hecho mal las cosas estaré colgado con justicia, porque yo soy el responsable de todo lo que se hace en mi gobierno.”
No ha sido escrito este libro con propósito de escándalo o sensacionalismo. Quienes tales cosas quieran buscar en sus páginas quedarán defraudados.
Es un libro serio, escrito con buena fe. Es posible que contenga errores, pero en toda forma se ha preocupado evitarlos. Su información proviene en gran parte de las declaraciones presentadas ante las comisiones investigadoras por actores y testigos de los hechos narrados, y, también, de las conclusiones a que las mismas han llegado. Con frecuencia se transcriben los textos originales, porque son claros y concisos, y no era necesario darles otra forma.
Durante un decenio ha visto nuestro país cómo ha sido posible que le cercenaran una a una sus libertades; que lo empobrecieran y humillaran. Ha sido para él una dura experiencia, pero alguna vez debía tenerla, no sólo para conocer el inmenso valor de los bienes perdidos, sino para saber recuperarlos y resistir en el futuro cualquier intento de dominación dictatorial.
Si estas páginas sirvieran para esclarecer al pueblo sobre lo acontecido, habrán alcanzado el propósito de su publicación.



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